Por Lic. Hector Pozas Perez, Docente de la Licenciatua de Derecho en la Universidad Riviera

 

Los avances tecnológicos siempre han tenido un valor agregado al proporcionar importantes beneficios para el ser humano, la innovación digital se ha convertido en parte fundamental de la vida diaria a la par de la interacción con los distintos dispositivos personales, de movilidad, de confort, esparcimiento y salud. Indudablemente los beneficios son muchos cuando se piensa en lugares de descanso, en la residencia habitual donde transcurre la vida llena de sistemas automatizados que vuelven todo más sencillo y menos tangible.

Es por eso que la casa del futuro cada vez está más cerca, sin embargo, hay un elemento fundamental que hasta el momento ha quedado abandonado o poco atendido, que parece estar ahí en silencio solo como espectador sin que le sea otorgado el debido valor, la base de todo, al cuidado de nadie y me refiero al suelo, esa superficie sujeta a transformación, a un uso, a un aprovechamiento.

Todas las actividades que realiza el ser humano en su mayoría tienen que ver con el uso extractivo de los recursos naturales o con la modificación de los usos de suelo, constantemente escuchamos hablar de crecimiento, desarrollo, casos de éxito, modernidad, la idea de una vida ideal en el lugar ideal. En la actualidad hay una tendencia migratoria a nivel mundial que acelera la necesidad de crear vivienda, servicios, modificaciones y adecuaciones, los asentamientos humanos se convierten en el nuevo horizonte de una gran parte de la población, ya sea que cuenten o no con una planificación, la necesidad es la misma, contar con un espacio para vivir.

La incesante oferta laboral, de vivienda o simplemente encontrar un lugar idóneo para vivir, aumenta desmedidamente, creando centros de población que no siempre son adecuados para tal fin, en un sentido objetivo es importante acotar con una verdadera visión de futuro. Los ordenamientos jurídicos en materia de ordenamiento territorial sustentable, la verdadera planificación entre todos los sectores de la sociedad, darán como resultado la planificación de verdaderas ciudades sustentables, en donde la densidad o la dotación de servicios no se conviertan en un problema.

Es necesario poner énfasis en actualizar todo el marco regulatorio en materia ambiental, de construcción y ordenamiento territorial, solo así se contará con instrumentos que realmente regulen, a través de una proyección integral, todos los usos de suelo que permitan construir la casa del futuro, precisamente porque sus mismas condiciones de suelo, espacio, construcción, planificación y sustentabilidad harán que efectivamente prevalezca la intención por desarrollar espacios dignos.

Debemos como sociedad, pero principalmente como abogados poner atención en cómo se ejecutan los instrumentos normativos que interactúan en el desarrollo de las ciudades, tales como la Ley General de Asentamientos Humanos, Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano, la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente, la Ley de Asentamientos Humanos, Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano del Estado de Quintana Roo, la Ley Del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente del Estado de Quintana Roo, el Programa de Desarrollo Urbano del Municipio de Solidaridad, así como el Reglamento del Equilibrio Ecológico y Protección Ambiental del Municipio de Solidaridad.                                     

El crecimiento desmesurado de los centros de población y localidades por mucho, a dejado en rezago todas las acciones encaminadas a la planificación urbana a la par de los programas de desarrollo urbano, según datos del INEGI, en la Encuesta Intercensal 2015 el estado cuenta con 1 millón 501 mil 562 habitantes, lo que significa que Quintana Roo multiplicó su población por casi 17 veces en los últimos 45 años.

El resultado de la poca planeación aunado a la poca revisión de los instrumentos normativos, ha ocasionado un seccionamiento en la planificación y distribución de la población, dando lugar a la creación de sectores económicamente activos y poblacionales incongruentes ya que actúan como células independientes que no se integran del todo con las ciudades, adicionalmente la actividad turística-económica se concentra en pocos lugares, incrementando la saturación de personas y el surgimiento de nuevas necesidades que se han tenido que resolver sobre la marcha y no siendo previstas con una visión de largo plazo.

Es por eso que la casa del futuro deberá, ubicarse dentro de un entorno donde se integre perfectamente a los espacios urbanos, al entorno natural y al contexto en donde este ubicada y también deberá contar con una distribución adecuada, siempre pensando en la habitabilidad, y donde las vialidades sean elementos integradores y no cintas de asfalto con errores en su traza, sin vegetación en las mismas; el respeto por la biodiversidad debe ser prioritario cambiando la forma en que las ciudades se desarrollan, nosotros nos tenemos que adecuar al entorno, no el entorno a nosotros; es por ello que solo a través de un marco normativo actualizado y concurrente se logrará el verdadero equilibrio, además de integrar las distintas normas en materia de ahorro de energía, y sobre todo con el compromiso como ciudadanos.